En Pop bueno, bueno, Pop Malo, publicado en español por la editorial Sexto Piso, Cocker no escribe una autobiografía tradicional. El libro, que se extiende por 368 páginas, es el resultado de un ejercicio muy concreto: limpiar su ático. Durante años acumuló objetos, cuadernos viejos, folletos de conciertos fallidos, ropa usada, gafas rotas, jabones de hotel. El libro se convierte en un inventario, un catálogo de su propia vida.
Cada objeto se convierte en un punto de partida. Un viejo suéter de rombos no es solo una prenda, es la semilla de su identidad escénica. Un cuaderno escolar es el testimonio de sus primeros intentos líricos, obsesionados, como él mismo admite, con la cultura pop que lo rodeaba. A través de estos hallazgos, Cocker reflexiona sobre el impulso creativo.