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CAROLINE ROSE ENCUENTRA SU PROPIO CAMINO EN GENTLING THE HORSE AT THE WALT WHITMAN MALL

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Diego Castillo

29.10.2026

A veces, trabajar de manera independiente y sin el respaldo de una disquera permite explorar nuevos horizontes, experimentar sin tantas restricciones y descubrir sonidos que quizá no habrían encontrado su lugar en otro contexto. Eso fue lo primero que pensé mientras escuchaba Gentling the Horse at the Walt Whitman Mall, el nuevo álbum de Caroline Rose, publicado bajo SUCK Records, su propio sello discográfico. El nombre funciona como una burla y una crítica a las disqueras que guardan canciones sin publicarlas, mientras Rose aprovecha su independencia para darles una salida. Más que un simple cambio de casa discográfica, parece una declaración de intenciones, que es hacer la música que quiera y publicarla bajo sus propios términos.

Caroline Rose lleva años construyendo una carrera marcada por la transformación. Después de comenzar con un sonido más cercano al folk y al country, fue incorporando el indie rock, el pop y la experimentación electrónica, demostrando que no tiene demasiado interés en quedarse dentro de una sola fórmula. En Gentling the Horse at the Walt Whitman Mall, esa inquietud vuelve a hacerse presente con un sonido más guitarrero, enérgico y, por momentos, bastante impredecible.

A primera escucha, encontramos canciones cargadas de riffs de guitarra, ritmos acelerados y una actitud que se acerca al rock alternativo. Sin embargo, siendo completamente honesto, algunas terminan sintiéndose repetitivas al mantener una dinámica demasiado similar. Por eso, “Yip Yip Yow” me parece una de las mejores cartas de presentación del álbum; aunque parte de una estructura reconocible de indie rock, poco a poco incorpora versos pegadizos, una caja de ritmos y detalles electrónicos que le dan una personalidad propia.

Más adelante aparece “Chow Mein”, una canción que no necesita una letra demasiado compleja para funcionar. Su composición es dinámica, divertida y sabe aprovechar cada elemento hasta llegar a un cierre bastante contundente, donde las voces de fondo, los silencios y los sonidos electrónicos se mezclan de manera maravillosa. Por otro lado, “Hello Again, Jim” juega con un humor bastante absurdo, acompañado de un estribillo con cierto aire pop. Lo mejor llega cuando aparecen esas guitarras y teclados de sonido casi espectral, que le dan una atmósfera escalofriante sin quitarle frescura. Es de esas canciones que pueden sacarte una sonrisa cuando prestas atención a lo que está diciendo, porque detrás de su sonido pegadizo hay una irreverencia que no se toma demasiado en serio.

Pero las canciones que más me atraparon fueron precisamente las que se alejan de ese rock enérgico. Para mí, uno de los grandes momentos del disco es “Notes to Teenage Self”, una pieza introspectiva en la que Caroline mira hacia su adolescencia y recuerda una etapa atravesada por la depresión, los pensamientos suicidas y la pérdida de una amiga cercana. La guitarra acompaña una letra que no intenta suavizar lo doloroso de esos recuerdos, pero que tampoco se queda atrapada en ellos.

La canción habla de la culpa que deja una ausencia y de cómo ciertos recuerdos pueden acompañarnos durante años, pero también nos recuerda que las personas y las cosas cambian, incluso cuando parece imposible salir de un momento difícil: “A veces todos están tristes”, repite Rose a lo largo del tema, una frase sencilla que adquiere un significado mucho más profundo dentro de una canción tan personal. No intenta minimizar el dolor ni ofrecer soluciones fáciles; más bien, nos recuerda que la tristeza no dura para siempre y que, aunque ahora todo parezca estar mal, todavía hay espacio para que las cosas cambien.

Y para cerrar el álbum, Caroline Rose elige “Everything in Its Right Place”, una canción más pausada que va construyendo su intensidad poco a poco. Los coros tienen algo angelical, mientras las guitarras comienzan contenidas y van ganando fuerza hasta alcanzar un momento de mayor intensidad, para después regresar a la calma.

En conjunto, Gentling the Horse at the Walt Whitman Mall me parece uno de los discos de indie rock más interesantes del año. No todo termina de convencerme, algunas canciones podrían desarrollar más sus ideas y ciertas estructuras se vuelven predecibles; pero esa irregularidad no borra la variedad que Caroline consigue reunir, pasando de guitarras ruidosas y momentos irreverentes a canciones mucho más vulnerables, donde la letra toma el protagonismo.

Al final, vale la pena darle una oportunidad a esta nueva etapa de Caroline Rose. Gentling the Horse at the Walt Whitman Mall es un disco que se permite ser divertido, extraño, ruidoso y triste, a veces todo dentro de una misma obra. Y quizá el punto está en recordarnos que no tenemos que sentirnos de una sola manera todo el tiempo. A veces toca perderse, otras reírse de lo absurdo de las cosas y, en ocasiones, simplemente aceptar que estamos pasando por un mal momento.

Por eso, el cierre con “Everything in Its Right Place” resulta tan acertado. La vida no siempre acomoda las cosas como quisiéramos, ni todo encuentra una respuesta inmediata, pero hay momentos en los que una canción consigue que, al menos durante unos minutos, todo parezca estar donde debe estar. Y si este álbum logra acompañarte hasta ese punto, entonces tal vez Caroline Rose ya hizo lo más importante, recordarte que aunque ahora mismo las cosas no estén en su lugar, eso no significa que vayan a quedarse así para siempre.

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Portada de “Gentling the Horse at the Walt Whitman Mall”

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