El hechizo de Screamin’ Jay Hawkins

 

 

 

Una fiel compañera del ser humano desde su origen es la música. Ella está presente en casi todos los aspectos de la vida cotidiana. Es por ello que en esta ocasión nos dejaremos llevar por gritos que bien podrían salir del infierno y con ellos llevarnos al shock, aderezado con rock.

 

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Hoy hablaremos de Jalacy Hawkings, conocido en el mundo como: Screamin’ Jay Hawkins, un tipo que, definitivamente,  nació con estrella y un don especial.  Hawkins, un loco que llevó al rock hacia el exceso, pero también al abismo, rozando con el peligro e  impulsándolo  hacia el impacto visual y sonoro. Todas las  leyendas urbanas que surgieron dentro del rock empiezan con él, su vida fuera de los escenarios deja en pañales a las grandes estrellas de rock posteriores, famosas por sus excesos. 

 

Desde su llegada a este mundo, Jay estuvo rodeado de un halo extraño. Cuenta la historia que en 1929 un extraño en Washington golpeó a su madre, ¿la causa? Se desconoce por completo, lo que sí se supo con el tiempo es que en su arrepentimiento,  el hombre la subió a un autobús con destino a Cleveland, lugar en donde su madre lo dejaría en un orfanato a los 3 años de edad. Pronto una tribu de pies negros, uno de los pueblos originarios de la Unión Americana, lo adoptó y así tuvo un hogar, el mismo Jay cuenta que en su familia llegó a haber tantos niños que nunca supo el número real de hermanos que tuvo; por otro lado, la posición acomodada de la familia lo llevaría a tomar clases de paino durante la infancia. 

 

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Ya cuando tenía 14 años, se enlistó en el ejército con una cartilla falsa para participar en la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que, por cierto, sacaría la mayor parte de las ideas para su carrera musical, por ejemplo, usar un hueso en la nariz, clásico de los caníbales del Pacífico, durante su estancia en Filipinas. Casi a la par, Hawkins se perfilaba como un showman que sin duda tenía vena artística y fue así como su vida de nuevo dio un giro de 180 grados, luego de lanzarse en paracaídas cayó en manos enemigas en una Isla, ahí vivió tortura y encierro durante un año.

 

¿La venganza? La venganza se sirve fría,  Hawkins voló la cabeza de uno de sus verdugos poniéndole una granada en la boca. Esto nos da pistas sobre el carácter y personalidad de este genio loco. Entre las monerías de este estuche llamado Jay estaban que aprendió a boxear, rama en la que no sólo destacó sino que llegó a ser campeón de Alaska. Por si esto fuera poco, entrado en sus 20 años aprendió a tocar la guitarra, sumando a este instrumento al piano y al saxofón. Todo esto con una idea en mente: “convertirse en un cantante de ópera”. 

 

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En 1951 empezó su carrera musical junto al jazzista  Tiny Grimes, quien lo rechazaría después de grabar un tema propio: “Screamin the Blues”. A Ahmet Emerging (directivo de Atlantis) no le gustó el estilo de Hawkins, pero más allá de eso, no le encantó  que en un arrebato de ira le rompiera la cara. Ante esto decidió emprender su aventura en solitario y no pasó desapercibido, principalmente por su estilo extravagante: sus vestuarios eran rojos o de estampados de leopardo.

 

I Put a Spell on You

 

Dicen por ahí que no hay mal que dure 100 años y es el caso de Jay, quien para 1975 colgaría el éxito de  I Put a Spell on You. La historia detrás de esta canción es por demás única: su creador tenía en mente una melosa  balada donde un hombre confesaba su amor. Sin embargo, todo se salió de control y según se cuenta en el libro The Great Rock Discography, cuando Hawkins grabó este tema había una comida con abundante bebida y más tarde, en la grabación, se le añadió a Jay Hawkins el pseudónimo Screamin’ (gritón) y  así se dio paso a la leyenda.

 

Dicen los que saben que Jay gritó a límites inhumanos hasta el punto que, cuando se le pasó la borrachera y escuchó lo que había cantado, no se reconoció a él mismo. Luego de algunas horas de charla y muchos intentos de convencerle, logró entender que era él. Para ello echaron mano de las fotos realizadas en la grabación. El tema se prohibió casi en la mayoría de las radios, pues las connotaciones relacionadas con el canibalismo que se le atribuían lo censuraron casi de inmediato.

 

 

 Su expresividad en cara y cuerpo le daban un halo abrumador, lunático pero abrumador. 

Uno de los aspectos que incorporó a su acto era el de colocar una calavera humana (llamada Henry) en la que solía apoyar un cigarro encendido. 

 

Y como dicen por ahí, si no lo hurta lo hereda, ¿se acuerdan de la numerosa familia que lo adoptó? pues era de esperarse que un personaje como este no pudiera dejar  sólo una colección de canciones y alguna que otra extravagancia. Nos dejó mucho más… entre 55 y 75 hijos con diferentes mujeres. Murió en el 2000 a la edad de 70 años por un aneurisma de pecho. Vivió y se divirtió de lo lindo, disfrute y escándalo por igual. La primera piedra estaba puesta. Años más tarde el llamado Shock Rock vería en él a su más grande representante. 

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