Delirio por las compras o cómo nos estamos acabando el planeta

16.11.2020

Por Katia Fuentes @kat_fr3  (Productora y conductora en @NomadaUniRadio y #Vivas. Productora y curadora musical en #SalsaComoVa)

 

Se acerca la época navideña. El último fin de semana largo de 2020 está por terminar, pero no así la temporada de ofertas. En esta ocasión, debido a la pandemia por COVID-19 se decidió ampliar el #BuenFin a dos semanas. La gran mayoría de los comercios ofrecen descuentos deslumbrantes para alcanzar niveles de ventas que permitan mantener a flote la tan afectada economía. Y aunque no deberíamos bajar la guardia ante el posible contagio, las calles y centros comerciales están bastante concurridos.

 

A todo esto le sumamos el repunte que las ventas por Internet han tenido. Es cuestión de esperar unos cuantos días para que productos traídos desde otros países sean repartidos por las empresas de mensajería y así satisfacer nuestros profundos deseos de estrenar aquello que ¿realmente necesitamos?

 

Sí, ya sé que traer el celular más moderno y completo puede hacernos sentir poderosos, que comprar las nuevas colecciones de ropa que las marcas de moda sacan cada “x” número de meses ni se pregunta, aún sin importar que en nuestro clóset ya no quepan ni la ropa ni los zapatos; y ni qué decir de los videojuegos, juguetes, muebles, productos en streaming y tantos etcéteras.

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La producción de todas estas mercancías implica el uso de materias primas regularmente extraídas de algún ecosistema para lo que es necesario talar árboles, aniquilar especies vegetales y animales, por sólo mencionar algunos ejemplos. Eso genera grandes niveles de contaminación de cuerpos de agua por el uso de químicos, generación de basura, más contaminación por la producción de CO2 no sólo en las fábricas, sino también por los ciclos de transporte, entre muchos otros aspectos que forman parte de la huella de carbono que cada persona generamos. Pero, ¿qué es eso de la huella de carbono?

 

La huella de carbono es la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que produce la humanidad al fabricar un producto o realizar sus actividades diarias, es la marca o cicatriz que deja nuestro paso en el planeta. Así, cada persona en esta Tierra deja ese rastro de carbono según el consumo y tipo de hábitos que realiza día a día. Nuestra alimentación, las compras diarias, qué consumo energético hacemos, qué medio de transporte utilizamos, todo esto generan un gran daño que se incrementa hasta un 25% durante la temporada navideña.

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La otra cara de los festejos de fin de año es la que muestra un aumento significativo de los residuos derivados de los regalos, un mayor uso de pilas contaminantes y un despilfarro energético por las luces y adornos, el inminente consumismo en el que las sociedades actuales están inmersas.

El consumo de productos, servicios y bienes es un hecho habitual. Pero el “consumismo” o sobreconsumo nos empuja a adquirir más y más cosas, aún sin necesitarlas en verdad. Esta tendencia, de la que depende en gran medida el actual sistema económico, tiene graves consecuencias para la salud del planeta y la nuestra.

 

Por ello, en esta ocasión les invitamos a hacer una reflexión sobre sus niveles de consumo y para ello compartimos algunas sugerencias que pueden ayudarnos a disminuir nuestra huella de carbono:

 

  1. Evita comprar aquellos productos de un solo uso. Mejor compra productos que puedas reutilizar.
  2. Utiliza la menor cantidad de envoltorios posible. En el caso de los regalos, opta por envolverlos con materiales de reuso.
  3. Reutiliza las bolsas de plástico y, aún mejor, procura llevar tus propias bolsas reusables cuando vayas a hacer tus compras.
  4. Procura apagar las luces que no estás utilizando y desenchufar los electrodomésticos que no necesitan estar todo tiempo conectados.
  5. En lo que respecta a alimentos, elige productos frescos en vez de los procesados. Dale prioridad a los comercios locales en lugar de comprar en las grandes transnacionales.
  6. Adopta el hábito de separar los residuos por categorías: orgánicos, inorgánicos, sanitarios, manejo especial.
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Démonos un momento para analizar nuestros hábitos de consumo (qué compramos, cada cuánto, en dónde, para qué), tratemos de disminuir esas ansias por querer adquirir todo aquello que nos venden y empecemos a generar esta conciencia ecológica que me atrevo a afirmar que la mayor parte de la población tiene dormida, especialmente en las grandes urbes –de acuerdo a lo que he podido notar en mi experiencia al vivir tanto en ciudad como en un pueblo con reserva ecológica-. Convirtámonos en consumidores responsables, investiguemos más a fondo sobre nuestra huella ecológica y participemos en la medida de nuestras posibilidades en el cuidado y preservación de nuestro planeta.