El rey de Uganda. Kiwanuka

El rey de Uganda. Kiwanuka

El rey de Uganda. Kiwanuka

26.11.19

Por Marinho Aguilar A.

 

Suelen decir que el segundo álbum es muy difícil, ya que vienes del éxito del debut; pero hablar del tercer álbum siempre es más complicado, se piensa en que la suerte de un artista se agotará en ese tercero o las maquinaciones del negocio y la industria finalmente disolverán cualquier rastro de individualidad en una nube de spam sónico comercializado o peor aún, lo dejarán tirado por la next big thing o el nuevo género musical de moda. Qué glorioso, entonces, que el tercer esfuerzo, en este caso de Michael Kiwanuka, arroje un disco que huele a viejo pero sabe a nuevo, encontrando su verdadero y propio sonido que registra el momento en que vemos a Michael Kiwanuka y su talento por lo que es: una fuerza enormemente empática, agradable y perspicaz. Un alma modesta y educada.

 

Su primer álbum, "Home Again" (2012), impresionó a los críticos con sus canciones de soul poderoso con salpicaduras de folk, entregadas en una voz rica y con cuerpo que sonaba a cómo se siente beber chocolate caliente frente a una chimenea en otoño. Después llegó "Love & Hate", un reencuentro ecléctico entre el rock psicodélico, el R&B político y el funk, encontrando así su sonido, motivo por el que invita una vez más a Danger Mouse para que produzca “Kiwanuka” y logre tener reseñas tan entusiastas como esa calificación de 10 que le ha dado revistas como Q Magazine, The Guardian, NME, los 9 (casi perfectos) de Uncut, Exclaim o The Quietus. La prensa gringa es un poco más renuente. 

 

Kiwanuka” tiene ese casi alquímico efecto de sonar atemporal y contemporáneo; los interludios instrumentales y los cambios estilísticos y de tempo se unen debido a su voz cálida, sincera. El centro de la batalla interna que hace Michael en “Kiwanuka” se encuentra entre la ansiedad, la duda, la espiritualidad y la sabiduría, que luego se enfrenta al racismo y las miradas sobre el estado del mundo. El álbum de 14 tracks presenta los sencillos lanzados previamente "You Ain't the Problem" y "Hero". El artista nombró el álbum "KIWANUKA" en un audaz intento de reclamar su herencia sin importar cuán extraño pueda parecer a otros. "No cambiaré mi nombre, no importa cómo me llamen", canta en "Hero".

Kiwanuka creció en el barrio predominantemente blanco de Muswell Hill, entre su familia de sangre ugandesa, que lidió con el racismo que sigue en pleno 2019. Cuenta en entrevistas que sus profesores solían pronunciar mal su apellido en clase y que incluso las discográficas le pedían que lo cambiase por razones comerciales. Parecía estar atrapado entre dos mundos. Entonces, en lugar de sentirse perpetuamente fuera de lugar, creó un mundo propio en el que podía explorar su identidad en paz y convertirse en sí mismo en su propio tiempo.

 

Danger Mouse y Kiwanuka crean un álbum que suena viejo y nuevo a la vez, bastante sucio a propósito; un disco que suena a Marvin Gaye, Bill Withers, pero también a Sly & the Family Stone y Jimi Hendrix, lo cual se nota en el uso de guitarras distorsionadas y en el elemento psicodélico y casi lisérgico, por momentos, de la instrumentación.  Hay cuerdas y arpas, muestras de activistas por los derechos civiles, guitarras y orquestaciones tipo Burt Bacharach. Una belleza.

Todo aquí parece que existe como un cuerpo unificado y armonioso, como la corriente de la identidad de Kiwanuka que ha cobrado vida, fluyendo como un río que contiene multitudes; a veces balbucea, otras brota, está entrecortado y sereno, e inunda con un cálido sentido de propósito. Kiwanuka encarna encontrar su identidad y comprender quién es para no solo aceptarlo sino defenderlo. Este es un trabajo excepcionalmente convincente, absorbente, rico y genuinamente humano.

 

Bienvenido al universo de éste hombre negro que habita un mundo blanco lleno de soul, R&B, pop, donde habita Curtis Mayfield, Al Green, Isaac Hayes, pero también, Primal Scream, Spacemen 3 y Spiritualized.