JOSÉ HERNÁNDEZ MORENO: DE LA PIZCA A LAS ESTRELLAS

“Siempre da más de lo que la gente espera de ti”.

José Hernández Moreno 

Por: Ilse Vallejo, locutora y productora en UniRadio 99.7 FM

Luego de ver la serie “Pan y Circo” de Diego Luna y escuchar la participación de José Hernández Moreno, pasó por mi mente entrevistarlo y, al parecer, no me equivoqué. Busqué su cuenta de Twitter y ahí estaba yo, un 19 de agosto, escribiéndole. Luego de un par de días me respondió, después de todo es un hombre que vive en la luna… 

La fecha llegó, hicimos contacto, ya saben que la tecnología carece de palabra y teníamos algunas fallas técnicas, y José en San Diego California vía Skype me escribía en el monitor:

“Can you hear me?”. Yo, al otro lado de la pantalla, pensaba: “Este momento es único”, mientras en mi cabeza sonaba “Space Oddity”. Así iniciamos la plática que me enchinó la piel más de una vez y me sacó lágrimas al final… 

 

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Empezó la plática diciendo: “Tenemos poco tiempo y quiero iniciar esta charla  diciéndote  que nunca dejes de soñar”... José Hernández Moreno nació en La Piedad, Michoacán, en una familia de trabajadores del campo que migraba a Estados Unidos para trabajar durante nueve meses. Sin dejar de soñar, en 2004 se convirtió en el primer campesino en lograr ser un astronauta de la NASA.

Inspirado por la imagen de Eugene Cernan mientras caminaba por la luna, a través de la tv, José se imaginó en el espacio. Todo esto ocurrió cuando tenía 10 años.

Este sueño, sin duda, puso a prueba su perseverancia y temple más de una vez: 11 ocasiones, para ser exactos.

José Hernández (JH): “Efectivamente, no fue sino hasta el doceavo intento que me seleccionaron como astronauta. Mucha gente me preguntaba: ‘¿No te frustras? ¿Por qué no te das por vencido?’”

“Para mí se trataba de un sueño que nació desde que tenía 10 años, cuando miré al último hombre caminar por la superficie de la Luna en la televisión”, esto referenciando el año 1972, durante la última misión del Apolo 17.

“Convertir ese sueño en realidad fue lo que me mantuvo para terminar la prepa, ir a la universidad, estudiar un posgrado… Después, cuando comencé a intentarlo y fallar, siempre buscaba mejorar mi currículum: un año me hice piloto, luego me certifiqué como buzo, me mandaron a Rusia en un proyecto muy interesante y aprendí ruso… logré todo eso tan sólo intentando ser astronauta. No era un premio de consolación, me hacía feliz.

Si tuviera que intentarlo 13 o 14 veces, lo hubiera hecho. Supongo que esa fue la razón por la cual la frustración nunca llegó”.

La palabra “imposible” no existe en su vocabulario. La infancia de José transcurrió entre los plantíos de California recogiendo frutas y hortalizas junto a su familia. Esta última tuvo una participación importante, su padre, quien sólo tenía tercer grado de primaria, le dio la clave: 

“Cuando le dije a mi padre que quería ser astronauta, me llevó a la cocina, miramos hacia la ventana, era de noche, y me dijo: claro que lo puedes hacer, sólo creo, debes seguir al pie de la letra la siguiente receta:”

jose

1. Define tu meta

Pareciera que es el paso más sencillo. Decir “quiero ser astronauta”, “quiero tener mi propia empresa”, “quiero ser ingeniero, médico, abogado, etcétera”. Sin embargo, la seguridad con la que definimos nuestras metas es lo que realmente importa para poder alcanzarlas. Hay que creer que, sin importar qué tan lejos estemos de ellas, podremos lograrlas. 

Esa fue la estrategia que se fijó José, quien apenas siendo un niño estaba seguro de que sería astronauta y comenzó a leer toda clase de libros, artículos y noticias que lo hicieran enriquecerse y asegurarse de que la astronomía fuera su principal pasión. 

2. Reconoce a qué distancia estás 

Hay que sentar cabeza para materializar un “sueño” y convertirlo en un plan de vida. José Hernández trabajaba recolectando frutas, verduras y hortalizas; sin embargo, fue consciente de que ahí era donde se encontraba y para llegar a la NASA tendría que atravesar por diferentes momentos, lugares y espacios. 

“Si la distancia por recorrer es larga, no hay por qué desanimarse. Por el contrario, esto significa que nuestra meta involucrará un camino de mayores retos, pruebas, aciertos y errores. El conocimiento que esos momentos dejarán será invaluable”.

3. Marca tu camino

Una vez visualizado el camino a recorrer, es importante marcar vías alternas, rutas rápidas, retornos y otros recursos que nos ayuden a superar los “baches” que implica la vida. En este punto, José Hernández fue fiel a la filosofía de su padre y consciente de que en ocasiones le tocaría atravesar caminos más difíciles que otros. 

Años más tarde, se dio cuenta de que esas rutas lo llevaron a prepararse más,  generar mayores conexiones y desarrollar más habilidades de las que tenía pensadas. La historia se cuenta sola, pues el día de hoy, además de astronauta, es investigador y científico. 

4. Alimenta tu educación

Pese a que los padres de José no pudieron estudiar como habrían deseado, trabajaron arduamente para que sus hijos obtuvieran todo el conocimiento posible y se desarrollaran académicamente. Sin duda ese es uno de los agradecimientos más grandes que José tiene con su familia, puesto que la preparación fue lo que lo llevó a alcanzar sus objetivos. 

5. Persevera y haz las cosas con pasión 

Cuando José le planteó a su padre la idea de que quería ser astronauta, éste le respondió que debía de hacerlo con la misma fuerza con la que arrancaba las frutas y verduras de la tierra. Con ello quiso transmitirle que a todo habría que inyectarle mucha pasión, toda una filosofía que el astronauta mexicoamericano siguió durante su trayecto en el espacio. 

La necedad y perseverancia lo llevaron a consolidar su sueño y convertirse en un recordado y querido por la comunidad científica de todo el mundo.

Cuando le pregunté qué mensaje deseaba dejar a la gente que lo escucha, principalmente a los niños, me dijo: 

“Lo importante no es que logré ser astronauta porque estudié en Estados Unidos, el mensaje es que uno puede triunfar en cualquier parte del mundo si uno sigue la fórmula que mis padres me dieron, que es identificar la meta, trabajar duro, tener perseverancia y tener buena educación, así uno puede triunfar en cualquier parte del mundo, incluido México”. Cada uno puede alcanzar las estrellas y yo, Vian, soy prueba de ello… 

Ahora Hernández pretende inspirar a otras generaciones y demostrarles que “todos podemos cosechar nuestras propias estrellas”.

Su orgullo mexicano lo llevó a soñar sin límites.