Jesucristo Superestrella, el musical que revivió la fe católica

Por Arlette Peña, productora en Uni Radio 99.7 FM

 

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La historia se ha encargado de enseñarnos un par de cosas. Una de ellas, que ir en contra de la cultura pop es una pelea que va a perderse. En 1970, mientras el mundo estaba siendo azotado por la Guerra Fría, que tantos estragos para ese entonces ya había dejado, tanto a nivel social y político como bélico, se estrenó uno de los discos más influyentes de la década, uno que no sólo se convirtió al año siguiente en uno de los musicales más importantes de todos los tiempos, sino que regeneró la religión cristiana: Jesucristo Superestrella, compuesto por Andrew Lloyd Webber y cuyas letras se encargó de escribir Tim Rice.

¿Qué les parecería crear una ópera rock que contara una reinterpretación de los evangelios bíblicos que engloban la Pasión de Cristo, pero ahora dando el protagonismo a Judas Iscariote para redimirlo y reivindicarlo, a la par de mostrar a Jesucristo como un hombre cualquiera, libre de su carácter divino? Seguro pocos se atreverían a hacer algo así y no es para menos si se trata de atentar en contra de la ortodoxia del sostén ideológico y espiritual de occidente, ahora imagínense realizarlo en 1970 en un Reino Unido que destacaba en su conservadurismo… Webber y Rice, ambos británicos, se atrevieron a jugar con fuego y el resultado fue uno de los acontecimientos más relevantes del siglo XX

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Contextualicemos brevemente, en 1970 la generación de Woodstock, esos jóvenes que veneraban a los rockstars, que se metían sustancias alucinógenas, que se convertían al budismo y al hinduismo, que abrazaron la contracultura iniciada la década anterior y el activismo social, nada tenían en común con la religión cristiana; la tachaban de hipócrita, obsoleta, no congeniaba con el espíritu de la época y esto inició una crisis gigante en la iglesia, las nuevas generaciones ni por favor querían saber de la biblia, mucho menos de Dios.


Aquí entra nuestro tema. Cuando en 1964 uno de los grandes ídolos de la contracultura, Bob Dylan, estrenó una canción titulada “With god on our side”, incluyó en ella una idea: ¿es que acaso Judas Iscariote no tenía a Dios a su lado? Esto retumbó en los oídos de un joven Lloyd Webber convirtiéndose en inspiración. Se acercó a su amigo Rice y le propuso crear una ópera rock inspirada en el episodio de la crucifixión de Jesucristo, él aceptó y Jesucristo Superestrella fue creado.

 

 

De inmediato los problemas se presentaron. En un inicio se tenía concebido que el proyecto fuera una obra de teatro, pero nadie quiso producirla, todos creían que era una pésima idea convertir a Jesús de Nazaret en un rockstar (símbolo del ídolo de la juventud) porque no era rentable ni prudente, así que no les quedó más remedio que volver la obra un disco conceptual, al fin que las óperas rock en ese tiempo estaban llamando la atención, como Tommy de The Who. Llamaron al vocalista de Deep Purple, Ian Gillian, para que diera voz a Jesús; Murray Head fue Judas; y una recién descubierta Yvonne Elliman fungió como María Magdalena. 

 

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 Una vez publicado el disco en 1970, llegó el escándalo. La iglesia católica tachó la obra como una verdadera blasfemia: ¿cómo se atrevían a proyectar a Judas como un traidor leal y torturado que se encargó de cumplir su destino cual héroe trágico? ¿Cómo que María Magdalena amaba a Jesús y él parecía mostrar interés en ella? ¿Cómo que Jesús experimentó frustración y agobio ante la ardua tarea de ser hijo de un Dios que rara vez respondía sus plegarias? En pocas palabras, ¿cómo se atrevían a dar carnadura a un mito universal? Y todavía más grave, ¿quién les dio el derecho de arrebatarle a Jesús su divinidad prefiriendo no mostrar su resurrección, tal y como pasa en la ópera rock?

 

 

Los conservadores quedaron pasmados, todo iba mal ante la lluvia de críticas y todos juraban que el disco iba a pasar desapercibido para eventualmente morir en el olvido; pero no fue así, es más, a unas cuantas semanas de haberse estrenado, empezó a venderse masivamente, se convirtió en todo un éxito. ¿Y cuál fue la mayor sorpresa? Que hizo que los jóvenes se acercaran de nuevo a la iglesia. Tal vez no se identificaban con el Jesús divino, perfecto, inmaculado e intachable; pero sí con el modernizado rockstar que cantaba rock, funk y, como todos, dudaba, sentía, sufría y era simplemente un hombre cualquiera. Sin querer, Andrew Lloyd Webber y Tim Rice le regalaron una campaña de marketing al cristianismo.


Con el éxito conseguido, especialmente en Estados Unidos, en 1971 la obra llegó a Broadway, donde se mantuvo dos años ininterrumpidos vendiendo entradas. Millones de jóvenes se enamoraron de esta versión de Jesucristo y actualmente, por lo menos la melodía que acompaña los versos “Jesus Christ, Superstar, do you think you’re what they say you are?”, es bien conocida a nivel mundial.


En 1973 la fama terminó de estallar cuando la historia fue llevada a la gran pantalla de la mano del director Norman Jewison, que incluyó la actuación de Ted Neeley (a la fecha pone a temblar con su interpretación de “Gethsemane”), más adelante las canciones fueron traducidas al español y Camilo Sesto se apuntó al proyecto para cantar el papel de Jesús de Narazet, la popularidad del proyecto superó las expectativas y pese a que no ganó ningún Premio Tony en 1972 porque la crítica no quedó tan fascinada con la producción de la obra, sí se consolidó como uno de los musicales más venerados por el público.

 

 

 

La iglesia no tuvo más remedio que abrazar el fenómeno. Después de haberlo tachado de sacrílego y anteriormente haber dicho que el rock era música de Satán, en 1971 la radio del Vaticano transmitió el disco de Jesucristo Superestrella entero, ya concibiéndolo como una obra importante que ya es común ver representada en parroquias o colegios católicos.


Muchos famosos han formado parte de producciones del musical, desde bien conocidas del teatro como Irene Cara hasta famosos del rock como Alice Cooper. Jesucristo Superestrella tumbó la ortodoxia religiosa y abrió un nuevo capítulo del cristianismo acompañado de cultura pop.


En 2021 el disco con el que inició todo cumplió 50 años y después de tanto tiempo, parece, tiene mucho que decirnos todavía. Por morbo, por gusto o por mera experiencia cultural, conocer este musical es ya una obligación.